Vuelo sobre un océano turbio
de dudas que se descubre bajo mis pies, pero hay calma en este cielo nocturno
vestido de luz de luna llena y estrellas, que allá en el horizonte mantienen
fija su estela. Me asusto y respiro. Parpadeo y miro mi reflejo en esta ventanilla con
vistas a un mar de nubes de algodón calladas. Vuelo de Nueva York a Madrid
buscando de nuevo mi latir. Asusta. Se llenan de incertidumbre las reservas de
toda esta calma interior construida a conciencia y siento que me falta el aire
a miles de metros de altitud de la vida soñada. Se acaba el viaje de ensueño
que me ha ofrecido tanto para tener con qué colmar mis bolsillos. Los demás
duermen en estos incómodos asientos, pero yo no puedo, no alcanzo a enmudecer
este millón de suspiros. Mis planes tenían fecha de caducidad y ahora sólo veo
infinito lleno de tiempo libre para encontrarme de nuevo, a mí mismo. Barajo
entre mis cartas estudios que a veces parecen no contarme nada, pero traigo
bajo la manga un as que se ha colado entre mis rejuvenecidos pasos: las ganas
de contar a través de las palabras.
Vuelo sobre un océano
inmenso de dudas que se presenta ante mi mirada haciéndome preguntas. Busco
entre mis apuntes y no encuentro las respuestas; ni una de ellas que me de una
pista de hacia dónde continúa mi camino. Soy libre para ser y eso me angustia.
Me dejo envejecer para coger experiencia y darme un respiro: la vida espera siempre
fuera para vivir. Y yo me acobardo por un instante y miro alrededor. Vuelo de
Nueva York a Madrid sabiendo que fui feliz. Sonrío y suspiro. Toca volver a
empezar, de cero, con miedo y con un nuevo latir.
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