martes, 1 de abril de 2014

DICEN QUE TODO PASA POR ALGO (MAÑANA DE ABRIL).

Dicen que todo pasa por algo, y yo me presto de lleno al destino, a que lleve mis pies allá donde sea necesario, que ya se dibujará el camino.

Como un chiquillo que estrena zapatillas nuevas, reteniendo la emoción como en un frasco de cristal a punto de estallar, cuidadoso, poniendo en cada paso lo mejor de sí, así me latía el corazón en mitad de aquel hall. Allí seguía el mismo reloj que hace años me daba los buenos días, sin prisas. Giré sobre mí mismo embelesado mirando hacia arriba. La luz entraba sin contención alguna por los ventanales que hacían de techo, y las paredes vestían bonitos vestidos de cosas aprendidas por ellos. Niños. Niños que empezaban a salir corriendo escaleras abajo, con la merienda agarrada como el mejor de los tesoros; no es para menos: sus padres y madres las habrían preparado esa misma mañana con mucho cariño, y es que hay cosas, pequeños detalles del día a día, que no tienen precio. Niños altos y bajos, gorditos y flacos, rubios, morenos, y despistados. Pero todos engalanados de esa cándida inocencia que mágicamente vive en nuestros cuerpos cuando el mundo serio queda lejos. ¡Qué ojos tan vivos!. Quizá por eso volví ahí, donde años atrás me descubrí feliz, entre pinturas de colores y libros, entre ábacos y diccionarios, entre plantas y murales; por eso: para no dejar de hacerles llegar la mayor verdad en la que firmemente creo: que la vida puede ser maravillosa, y que nunca dejen que la miseria y la ausencia de principios de la que se envenena este mundo, les aleje de latir con cada brisa que acaricie su sonrisa; que hagan más ruido que los que hacen ruido oscuro y pocas nueces, porque no hay ninguna teoría científica que relacione al crecimiento con la seriedad y el adiestramiento de cerebros. Que no les engañen. Que cada uno viva su vida, dispuesto a aprender de todo, a captar toda la luz que puedan para cuando hay que sobrevivir en la oscuridad. Eso es lo que quiero.

Bendito destino, que me llevó aquella mañana de Abril, de nuevo, a pisar con mis pies el lugar en el que crecieron como gigantes mis metas más personales. Ahora respiro, dispuesto a andar camino, convencido como nunca de este ser que me contiene dándome plena libertad de vida para no cesar en mi búsqueda de luz continua.




miércoles, 19 de marzo de 2014

POR VOLVER.



A veces pienso que hay un público expectante por volver a leerme, por encontrarme en mis letras viviendo y muriendo, sufriendo y ganando, y pensando y pensando y pensando... Eso me puede tantas veces. A veces huyo de mí mismo para hallarme con otros porque no me soporto, o quizás porque tengo miedo de escucharme demasiado y pensar que pensando al final me quedaré cuerdo en lugar de loco, y entonces ya está, estaré perdido como el resto; seré lo que nunca he querido para mí, ni para nadie, seré un ser vivo sólo por el hecho de tener latidos en mi corazón. La vida es más que eso; de sobra es más que eso. Es pasión, es angustia, es lucha, y es ilusión (por favor, que haya mucha). A veces ya no sé en qué consumo el tiempo del reloj que nunca condeno a mi muñeca, ni en qué lugar pierdo el hilo de las agujas de cada segundo que dejo atrás. A veces miro a los demás con condescendencia por no apreciar cada leve pestañeo que acaricia en sus ojos el aire, o por no buscarle más belleza a lo simple, pero al rato me lleno de contradicciones por seguir pensando y dándole vueltas en lugar de sólo ser simple y bello. Qué complejo. A veces cierro los ojos, y siempre tengo miedo de no volver a abrirlos, porque aunque a veces esté perdido, aunque a veces no encuentre armonía, aunque a veces el simple latido de mi corazón no sea suficiente para recordarme que estoy vivo, nada de eso significa que no quiera volver a intentarlo. Volver a darle algo menos de vueltas a las cosas para que su belleza caiga por sí sola; volver a respirar fuerte, llorar y al rato estallar en un carcajada la esperanza de que otra vez el sol brillará después del invierno; volver a quedarme a vivir en la respiración de otro ser vivo que llene con su luz mi bombilla, la que a veces creo fundida; por volver... he vuelto a escribir de nuevo, y sé que nunca dejaré de hacerlo. Por volver, he vuelto a llorar y lo llevo haciendo meses, porque sé que después volveré a reír, y así recordarme que esta es mi manera de ser, mi manera de sentir, que la vida es tan sólo un suspiro y yo quiero que en ese breve instante se me erice hasta el último de mis pelos. 





martes, 18 de marzo de 2014

DEJARSE, PARA SER FELICES.

Es lo que ambos necesitaban: dejarse, para ser felices. Así de simple. Tan simple que a simple vista no lo veían. Gastaron mucho tiempo dejando ronca su voz, rompiendo sus cuerdas vocales tanto que desataron tempestades, enfrentando su amor. Creyeron construir un palacio en el que unir sus vidas, pero acabaron encarcelados en su propia rutina. Él respiraba el aire que exhalaba ella. Ella miraba en los parpadeos que proporcionaba él. Pretendieron quererse y acabaron entendiendo, a base de hostias sin propiciar, que aquello distaba mucho de amar. Era locura sin fundamento. Costumbrismo, como solía yo pensar al verles. En mis adentros rehuía de cualquier tipo de relación que se pareciera a la suya. No era sano. Para mí lo que ellos tenían difería completamente de la idea que tengo yo de compartirme con alguien. Total, que se dejaron. Después de demasiadas peleas llegó la calma. El cielo se abrió para iluminar dos caminos por descubrir: uno para ella y otro para él. Separados. Se acabaron los rayos y los truenos. Vinieron los días buenos, los viajes de la mano de un alma nueva. Y todo mereció la pena. Dichosa pena. Fueron titanes que luchaban por ver quién tenía más fuerza. Ahora son sólo dos soldados heridos en la trinchera de una guerra que nunca quisieron. Son, pero están en nuevas manos, unas que sanan como por arte de magia, todas la cicatrices, a paso agigantado.   


Por eso, siempre hay esperanza...